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Inmersión en el Universo

Adéntrate en el universo de La Leyenda y el Corazón de Oro. Descubre los mundos que le dieron su origen.

El universo creativo de esta obra es más que una historia: es un mundo vivo.
Un lugar donde los tres planos —el cielo, la tierra y el interior— se entrelazan a través de símbolos, emociones y destinos.


Cada personaje, cada criatura y cada mundo revela un fragmento del alma humana: su lucha, su esperanza y su despertar.

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En este espacio, los lectores pueden ir más allá del libro, descubrir lo que habita entre sus líneas y explorar los caminos que conectan lo místico con lo real.


Un viaje que no termina con la última página, sino que continúa expandiéndose —como la luz del oro que guía a quienes aún buscan.

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Adéntrate en el universo. Descubre los mundos que dieron origen a la leyenda.

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Los Tres Mundos

Descubre los tres planos de existencia: el inframundo, la tierra y el cielo.

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Los Vigilantes

Tres guardianes, tres caminos: sabiduría, fuerza y libertad.

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El Corazón de Oro

La chispa divina que une todos los planos.

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El Conflicto Eterno
(Incas y Chancas)

Cuando el poder y el espíritu se enfrentan, el destino del mundo cambia.

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LOS TRES MUNDOS

Existen tres planos que sostienen la existencia: el interior, la tierra y el cielo.
No son lugares separados, sino dimensiones que respiran entre sí, como capas de un mismo espíritu.
Cada una guarda un tipo distinto de verdad… y un desafío para quien se atreve a cruzarlas.

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Uku Pacha — El Mundo Inferior

Todo viaje comienza hacia adentro.

El Uku Pacha es el reino donde viven las memorias más antiguas, los miedos callados y las partes de uno mismo que rara vez se miran de frente. Es un territorio que no juzga ni castiga, pero que tampoco oculta nada. Aquí, las criaturas no son simples enemigos: son reflejos que toman forma para revelar lo que el viajero aún no se atreve a nombrar.

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Al adentrarse, el caminante encuentra figuras que representan lo que carga en el alma:
el hombre común, que repite sin cuestionar y encarna el peso de la costumbre;
el hombre nocivo, que hiere sin comprender las raíces de su dolor;
las sombras, que cambian según los temores más profundos y se mueven con la fragilidad del pensamiento;
y el cascarón, una forma vacía que recuerda lo que ocurre cuando la vida pierde propósito y se olvida de sí misma.

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Superar este plano no es ganar una batalla: es reconocer aquello que uno ha negado, abrazar lo que se ha querido olvidar y aceptar que para avanzar en el mundo exterior, primero hay que atravesar el propio interior.

Kay Pacha — El Mundo Terrenal

El Kay Pacha es el espacio donde los pasos tienen peso y las decisiones crean caminos.
Aquí, la mente no solo piensa: da forma. Lo que se sostiene por dentro se vuelve paisaje, posibilidad… o amenaza.

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Todo lo que se imagina, se fortalece o se teme puede materializarse.
En este mundo, la línea entre lo interno y lo externo se vuelve delgada, casi invisible.
El Kay Pacha es el reino donde el ego —esa voz que protege, confunde o engrandece— también puede tomar cuerpo.

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Es aquí donde surgen criaturas como la Jarjacha, nacida del miedo que insiste en volverse carne,
o donde un pensamiento claro y firme puede transformarse en herramienta, luz o arma.
Cada emoción es semilla; cada idea, un gesto que busca existir.

En este plano, la voluntad y el caos compiten.


A veces avanzan juntas, otras se enfrentan como fuerzas que disputan el sentido del viaje.
Todo depende de lo que el viajero decide escuchar: la voz que eleva… o la que distorsiona.

El viajero descubre que la realidad externa no es más que el eco amplificado de lo que sostiene dentro.


El Kay Pacha revela que caminar la tierra también es caminar la mente,
y que solo quien reconoce su propio interior puede dar un paso que realmente sea suyo.

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Hanan Pacha — El Mundo Superior

El último plano no es solo un cielo: es una expansión del espíritu.
Un territorio brillante y lleno de presencias que parecen ofrecer claridad, guía y propósito. Aquí, las visiones se abren como puertas y los seres luminosos muestran caminos que elevan al viajero hacia comprensiones más profundas.

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Pero entre tanta luz también habitan velos que pueden engañar.


El Hanan Pacha es hermoso y a la vez traicionero: sus maravillas pueden desviar la mirada, sus ilusiones pueden parecer respuestas, y la propia mente puede confundir deseo con destino. En este plano, incluso la luz más pura puede convertirse en un obstáculo si se confunde con verdad.

Las fuerzas del cielo prueban no solo la fuerza interior, sino la intención.


El viajero aprende que no todo lo que brilla guía, y que los apegos —incluso los más nobles— pueden anclarlo en un espejismo que impida ascender.

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El Hanan Pacha revela lo más alto del ser humano, pero también lo más sutil de sus pruebas.
Aquí se comprende que la verdadera elevación no consiste en subir más lejos… sino en permanecer despierto entre maravillas que pueden desviar el camino.

Tres Planos, Un Solo Viaje

Cada mundo representa una parte del ser humano:
lo que teme, lo que crea y lo que puede llegar a ser.
Juntos forman el tejido que sostiene la leyenda.

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Explorar estos tres mundos no es recorrer un mapa:
es atravesar un espejo que muestra quién eres, qué cargas y qué estás destinado a descubrir.

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LOS VIGILANTES

Tres guardianes custodian el paso entre los planos: la serpiente, el puma y el cóndor.
No son criaturas comunes, sino presencias antiguas que acompañan al viajero en momentos distintos del camino, reconociendo con una sola mirada aquello que aún duerme en su interior.

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Cada uno observa desde un lugar diferente, desde una fuerza distinta.
Juntos forman un triángulo que sostiene el viaje, aunque nunca intervienen sin propósito.
Su guía no es directa: aparece como intuición, silencio o señal.

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Amaru — La Serpiente

La serpiente es la guardiana del cambio y de lo inevitable.


Habita en lo profundo del mundo, donde comienzan y terminan los ciclos que sostienen la existencia. Allí, en ese reino sin tiempo, Amaru conoce cada transformación, cada renacimiento y cada desplome que da paso a lo nuevo.

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De los tres vigilantes, es la que más tiempo ha pasado en silencio.
Las historias antiguas dicen que alguna vez intentó alzarse como guía única de la humanidad. No buscaba destruir, sino dirigir.


Pero en su afán, confundió claridad con destino, y su deseo se convirtió en carga.

Como consecuencia, fue confinada por eones a las profundidades, donde solo la transformación misma le hacía compañía.


Allí aprendió lo que nunca había entendido: que nada puede sostenerse si no está dispuesto a morir y renacer.


Ese aprendizaje silencioso fue su emancipación.

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Hoy, Amaru vigila con paciencia absoluta.
No habla, no corrige, no empuja: muestra.
Y en su presencia se siente la fuerza de los procesos que nadie puede evitar… aunque muchos intenten ignorarlos.

Qhoa — El Puma

El puma es la presencia que observa desde la tierra, firme y centrada.
No es un guardián de impulsos ni de fuerza física: es un guardián del paso consciente, ese que surge cuando el viajero camina sin dejarse engañar por la forma que cree tener.

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Qhoa mide la intención más que la acción.
Su mirada es un espejo que devuelve con claridad lo que realmente mueve al viajero:
miedo, orgullo, deseo, duda… o propósito.

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Se dice que ninguna criatura conoce mejor que él los recovecos del ego, ni las trampas que la identidad construye para protegerse.
Por eso no juzga.
No castiga.


Solo muestra el movimiento interno que, muchas veces, el propio viajero evita mirar.

Para algunos, su presencia es confrontación.


Para otros, revelación.
Pero para todos, es la certeza de que ningún paso en el Kay Pacha es verdaderamente sólido si no nace desde un centro claro.

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Kuntur — El Cóndor

El cóndor es el vigilante de las alturas, el guardián de aquello que trasciende.
Desde las cumbres más elevadas contempla lo que está más allá de la forma, el anhelo humano por elevarse y el peso silencioso que impide hacerlo.

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Su vuelo no es un camino, sino un recordatorio:
todo deseo de ascenso lleva consigo una prueba.


Porque en las alturas, donde la luz es más intensa, también habitan ilusiones capaces de desviar el propósito del espíritu.

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Kuntur ve el dolor, la historia y la verdad que el viajero intenta comprender.
Y aunque no interviene, su sola presencia ilumina —a veces con claridad, a veces con inquietud— aquello que aún necesita ser atravesado.

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Sus apariciones suelen coincidir con momentos en que el viajero cree haber llegado demasiado lejos o demasiado alto.


Es entonces cuando recuerda que ninguna elevación es real si no atraviesa las sombras que la acompañan.

Tres Guardianes, Una Sola Mirada

Cada vigilante protege un aspecto distinto del viaje:
uno observa el cambio,
otro la identidad,
y otro el sentido más profundo del sufrimiento y la elevación.

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No entregan respuestas.
Ofrecen señales.

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Son compañías silenciosas que recuerdan que ningún camino espiritual se recorre solo, aunque nadie pueda caminarlo por ti.

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El CORAZÓN DE ORO

En el centro de la historia existe un símbolo que no es solo un objeto, sino un origen: el Corazón de Oro.
 

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El Corazón de Oro

Un fragmento antiguo, heredado desde los primeros seres que caminaron la tierra cuando el sol todavía hablaba con los hombres.

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Para los antiguos, este corazón era una señal de linaje.


Solo quienes llevaban en su interior la chispa luminosa del sol —descendientes de aquella primera humanidad— podían manifestarlo. No como un privilegio, sino como un recordatorio: había algo más grande esperando ser despertado.

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En Cusi, el Corazón de Oro es prueba y llamado.
No lo convierte en héroe, no lo asegura como salvador.


Es una posibilidad, una puerta abierta a una transformación que solo puede concretarse si él logra atravesar los desafíos que su propio destino le impone.

Porque nada está garantizado.


Incluso un elegido puede perderse, dudar o caer.
El corazón no otorga grandeza: la revela… si el viajero está dispuesto a sostener su luz sin ser consumido por ella.

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Este símbolo sagrado es más que una herencia divina: es un recordatorio de dónde venimos,
y una pregunta sobre en quién podemos convertirnos.


Un brillo que guía, pero que también exige.
Una promesa que solo se cumple cuando el espíritu está listo para transformarse.

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EL CONFLICTO ETERNO
(INCAS VS. CHANCAS)

En los Andes, dos fuerzas ancestrales chocaron con una violencia que lo cambió todo: el poder incaico y la resistencia chanca.
Este conflicto no es solo el antecedente de la obra: es la herida que da origen a la leyenda.

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El Conflicto Eterno (Incas vs. Chancas)

La guerra dejó marcas que ningún espíritu pudo ignorar.
Cuando el choque estalló, no solo se destruyeron pueblos: se quebraron familias, destinos y vidas que jamás volverían a su forma original.


En medio de ese fuego, la tragedia encontró a quienes menos podían defenderse.

Para Killari, la guerra significó la muerte de sus dos padres.


Ese momento no solo le arrebató a su familia: le arrancó la infancia.
La niña que alguna vez fue quedó atrás, y en su lugar surgió una fuerza nacida del dolor, de la injusticia y de una determinación que nunca pidió, pero que aprendió a sostener.


Su carácter se forjó en ese instante en que comprendió que la vida puede quebrarse sin advertencia… y aun así debe continuar.

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Para Anco Huallo, la guerra tomó otra forma:
no le arrebató a su padre por completo, pero lo quebró para siempre.
Las manos amputadas, la tortura, la destrucción de su hogar y el derrumbe de todo lo que conocía sembraron en él una cicatriz que ningún niño debería cargar.


A sus diez años, Anco entendió demasiado pronto lo que significa perder el mundo desde adentro.

El conflicto entre incas y chancas dejó marcas profundas no solo en la tierra, sino en ellos dos.
Cicatrices distintas, pero igual de poderosas.


Ambas serán brújula, peso y motor durante mucho tiempo, porque hay pérdidas que no se superan: se transforman.

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Por eso este enfrentamiento no es un simple episodio histórico:
es la raíz emocional que atraviesa la obra. La guerra revela lo mejor y lo peor del ser humano, pero también lo que despierta cuando el dolor obliga a un espíritu a levantarse.

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El Conflicto Eterno nos recuerda que las grandes leyendas no nacen en la calma,
sino en esos quiebres donde la historia se rompe…
y dos niños, desde rincones distintos del Ande, encuentran el coraje para no dejar que esa ruptura los defina, sino que los impulse.

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