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Puentes entre mundos - El precio de la luz: de la serpiente a Prometeo

  • ctejada311
  • 10 nov 2025
  • 1 Min. de lectura


Dos historias, dos culturas, un mismo fuego.


Ambas hablan de la osadía del ser humano que quiso ver más allá de lo permitido, y del castigo que siguió al despertar de la conciencia.


En el Génesis, la serpiente ofrece a Eva el fruto del conocimiento. Le promete que, al probarlo, “se abrirán sus ojos y serán como dioses”. No miente: al comerlo, Adán y Eva descubren su desnudez, la conciencia y el peso del discernimiento. Por ello son expulsados, y la serpiente —símbolo del despertar— es condenada a arrastrarse por la eternidad.

Miles de años después, otro mito repite la historia con otro rostro. Prometeo roba el fuego a los dioses y se lo entrega a los hombres. El fuego: la chispa divina del pensamiento, la técnica, la comprensión del mundo. Por su acto, Zeus lo encadena, y un águila devora eternamente su hígado.


Ambos mitos comparten una verdad incómoda: la divinidad no castiga la maldad, sino el despertar de la consciencia. El pecado no parece ser la desobediencia, sino el deseo de ver.

Quizás desde el principio, la historia humana ha sido el eco de una misma tensión: la del ser que busca comprender frente al dios que teme ser comprendido.


Y tal vez el fuego de Prometeo y la manzana del Edén arden con una misma llama: la del espíritu que no puede dejar de buscar.

 
 
 

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